Itineraris vers Déu

Un lugar donde quedarse o un viaje para recobrar la familia

Escrit per: Peio Sánchez

El momentáneo guiño que efectúa el director a Sonrisas y lágrimas (Robert Wise, 1965) es probablemente algo más que una broma. Que el cine del tiempo de la tragedia se vuelva hacia historias luminosas y que en un momento cuestionador del papel de la familia se vuelva a la pareja, al sentido de la maternidad/paternidad y a la referencia tradicional es algo más que una casualidad. Más bien el síntoma de una hastío.

El propio Sam Mendes, importante director y hombre de teatro británico, quiere con esta película establecer un contraste respecto de Revolucionary Road (2008) y avanzar en un optimismo levemente apuntado pero eclipsado por la crítica mordaz en American Beauty(1999), Camino de perdición (2002) y Jarhaed (2005).

Away we go- así es su título original- es una historia que va creciendo en fuerza dramática, se trata de la peripecia de dos treinteañeros Burt (John Krasinsky) y Verona (Maya Rudolph) que sintiendo el vértigo de su próxima paternidad y emprenden un viaje para encontrar "un lugar donde quedarse". Con esta disculpa asistimos a un desfile de distintos personajes y tipologías familiares que expresan no sólo el variado muestrario de la familia actual sino que también establecen criterios de discernimiento para el viaje interior de la pareja protagonista.

Lo más sorprendente de este itinerario no es que se deje atrás la inmadurez, la precariedad o la fragilidad de los futuros padres. Lo interesante es que siendo los mismos evolucionan en sus decisiones hacia una nueva etapa donde palabras como "me comprometo" tienen un lugar central.

Una pareja de guionistas, Dave Eggers y Vendela Vida, que no por casualidad acaban de tener una hija, escribirán esta historia a la que Sam Mendes sirve con la profundidad significativa que le caracteriza. El humor va desvelando los límites y contrastes donde la paternidad hoy se hace una aventura arriesgada pero la historia avanza, acompañada por las canciones melancólicas de Alexei Murdoch, hacia un lugar donde la familia recoge la mejor tradición recibida-la herencia de los padres- y se proyecta en una perspectiva marcada por un futuro de promesas abiertas en clave de infinito.

Que el director confiese que quería hacer una película "llena de esperanza, luz y fuerza vital" nos indica hasta que punto emerge la consideración de que los tratamientos descarnados que enfrentan al vacío absoluto han dejado al espectador ante la nostalgia de lo diferente. Y curiosamente para mirar hacia delante se mira hacia atrás. Algo que habla de la lucidez que quien busca fundamente y quien se abre a salidas a un callejón que no puede terminar con caminos de perdición.

Película indicada para matrimonios en ciernes y para experiencias familiares consolidadas donde pueden surgir importantes cuestiones para el diálogo como el compromiso y la fidelidad, la responsabilidad en la maternidad/paternidad, los horizontes más allá de las dificultades, la fragilidad compartida como aliada para la madurez y la perspectiva trascendente de la relación de amor esponsal. Algo que no se piensen que está olvidado.