Itineraris vers Déu

El Shabat

Escrit per: Javier Velasco Arias

El shabat, el sábado judío, es quizás la fiesta más importante para todo israelita. Es la celebración semanal que marca la vida religiosa de todo creyente, pero también su vida familiar y social.

Hojeando la Biblia hebrea, que conforma la mayor parte de lo que los cristianos conocemos como Antiguo Testamento, encontramos múltiples referencias a esta institución. Por esta razón, no puede pasar inadvertido este dato para nosotros.

Pero, aún más, el domingo cristiano pese a la novedad que representa respecto al sábado judío (inauguración de una nueva creación en Cristo, liberación integral del ser humano, centralidad de la muerte y resurrección de Jesús...), no podemos perder de vista los muchos elementos de continuidad con la fiesta judía del shabat: descanso semanal, fiesta de la alegría, celebración de la creación y de la liberación, etc.

El conocer la importancia de esta celebración nos puede ayudar a los cristianos a redescubrir el valor de nuestra fiesta semanal, a vivirla con más intensidad, con más alegría, con mayor religiosidad. Pero también a entender un poco más al pueblo judío, a nuestros hermanos mayores en la fe. Con la prudencia de no caer en el error que cayeron algunos contemporáneos de Jesús, judíos igual que él, de privilegiar lo jurídico frente a lo humano, desatino al que todos y en todo tiempo estamos expuestos: «El sábado ha sido instituido para el hombre y no el hombre para el sábado» (Mc 2,27).



El término shabat

La palabra hebrea shabat, que nosotros traducimos por sábado, aparece 111 veces en todo el Antiguo Testamento; sólo en el Pentateuco se repite en 47 ocasiones. Aunque también encontramos referencias a este día llamándolo «el día séptimo» 49 veces.

Muchos derivan esta palabra del verbo sabath , cuya significación fundamental es cesar, pararse, descansar. El relato de la creación, por ejemplo, avala este sentido: «Dios bendijo y santificó el séptimo día, porque en él descansó de toda su obra de la creación» (Gn 2,3).

Hay otros que encuentran una posible conexión con el número siete (en hebreo: shebah). Esta hipótesis daría un rayo de luz especial a «el día séptimo» de Gn 2,2-3 .

No faltan los que han relacionado el sábado veterotestamentario con instituciones de culturas vecinas del pueblo israelita. La más extendida durante mucho tiempo es la de un origen babilónico. Shabat sería una expresión tomada del término acadio sabbatu . «La palabra sabbatu indica en Babilonia el día 15 del mes; pero su significación es incierta. Los días 7, 15 y 28 del mes elul los reyes y médicos debían abstenerse de ciertos trabajos. Sin embargo, estos llamados días de descanso babilónico muestran un carácter totalmente distinto del shabat israelita; son días de penitencia y de desgracia, mientas el shabat israelita es día de fiesta; los días babilónicos estaban determinados por el curso de la luna, mientras el shabat en Israel, en tiempos históricos, era independiente del curso de la luna. En el Canaán preisraelita falta también toda huella de fiestas semanales o de una semana de siete días (...). Acaso de Babilonia se tomó el nombre, pero no la institución» .

También se han buscado antecedentes quenitas, arábicos o ugaríticos, pero los argumentos no son de mucha consistencia y tienen pocos seguidores .

El sábado hebraico probablemente, podemos dar por cierto, proviene de una tradición mesopotámica, aunque dándole una perspectiva bien distinta. Para Israel el sábado es el día consagrado al Dios único, en vez de a diversas divinidades, como lo era en Babilonia. Por otro lado, el cesar de trabajar es para todo el pueblo, mientras que en la cultura babilónica eran sólo los representantes de las principales clases sociales lo que descansaban; aparte del dato de la semana de siete días específicamente hebrea .



El shabat en el Antiguo Testamento.

Encontramos el shabat en la Sagrada Escritura respondiendo a diversas motivaciones: memorial del éxodo (Dt 5,15), consagración religiosa del tiempo (Ex 20,9-10), primicia escatológica (Is 56,1-7) e incluso como medida de la justicia social (Dt 5,14) .

La fiesta semanal está unida a los dos acontecimientos más importantes del Antiguo Testamento: la creación del mundo y la liberación de la esclavitud de Egipto, y estas dos efemérides son las que marcan la celebración de este día santo en el pueblo de Israel.


La creación del mundo.

En el relato de la creación del Génesis leemos:

«El séptimo día Dios había terminado la obra que hizo, y reposó en el séptimo día de toda la obra que había hecho.
Por eso Dios bendijo y santificó el séptimo día, porque en él reposó de toda su obra de creación que Dios había hecho» (Gn 2,2-3).

«Desistiendo de todo trabajo el séptimo día, testificamos que el mundo no es de nosotros; que no el hombre, sino Dios, es el Señor y Creador del Universo» . El séptimo día indica la plenitud de la obra de la creación, de la obra de Dios a la que el ser humano está llamado a colaborar, consciente de que todo es de Dios: el trabajo, el descanso, el mundo.

«El cosmos, salido de las manos de Dios, lleva consigo la impronta de su bondad. Es un mundo bello, digno de ser admirado y gozado, aunque destinado a ser cultivado y desarrollado (...). El «trabajo» de Dios es de alguna manera ejemplar para el hombre. En efecto, el hombre no sólo está llamado a habitar, sino también a «construir» el mundo, haciéndose así «colaborador» de Dios (...). Si en la primera página del Génesis es ejemplar para el hombre el «trabajo» de Dios, lo es también su «descanso» (...). No puede interpretarse banalmente como una especie de «inactividad» de Dios..., sino que subraya la plenitud de la realización llevada a término y expresa el descanso de Dios frente a un trabajo «bien hecho» (Gn 1,31), salido de sus manos para dirigir al mismo una mirada llena de gozosa complacencia» .