Itineraris vers Déu

La paz en la cultura occidental

Escrit per: Javier Velasco Arias

Nuestra civilización occidental es deudora de las culturas grecorromana y judeocristiana. Y, por consiguiente, centraremos este artículo en conocer cómo dichas culturas han influenciado en nuestra noción de paz, aunque sea de una manera somera.

El concepto «paz» no ha tenido siempre el mismo significado, a lo largo de la historia y de las diferentes culturas; tampoco hoy. Un breve recorrido por estas culturas, que han marcado la nuestra, nos puede ayudar a clarificar qué paz deseamos y defendemos.

La eiréne griega

En muchas ocasiones la paz (eiréne) sólo significó ausencia de guerra. No siempre fue así, pero ésta es la idea que más ha llegado a nosotros y que más caló en la sociedad.

Un pensador griego del siglo VI a.C. escribía: «La paz es la tranquilidad en oposición a las hostilidades de la guerra» (Pseudoplatón). De manera que la paz sólo se entendía en contraposición a la guerra. Aunque también encontramos defensores de la paz, por encima de las diferencias, causa habitual de los conflictos: «No pondremos término a la guerra con la guerra, sino que con toda facilidad daremos fin a nuestras diferencias con la paz» (Hermócrates, s. V a.C.)

La pax romana

La pax romana, sobre todo en tiempos del emperador Augusto (63 a.C. – 14 d.C.), es vista como la garantía de un universo sometido y estable. La paz romana aseguraba un gobierno sin conflictos y en armonía, una «tranquilidad» garantizada por la fuerza del Imperio.

Es famosa la frase, del escritor romano de finales del s. IV de nuestra era, Flavius Renatus Vegetius: «Si vis pacem, para belum», «si quieres la paz, prepárate para la guerra». Esta máxima resume un concepto de paz cuyo garante es la fuerza de las armas.

Pero, esta paz no es una realidad que nazca de la justicia, que respete a los otros.


La shalom judeocristiana y la Biblia

No se puede afirmar que el pueblo israelita haya vivido siempre en paz; más bien todo lo contrario. Pero, en su experiencia social y religiosa, llegó a la idea más sublime de la paz.

La palabra hebrea shalom expresa una paz completa, interior y exterior, personal y social: armonía, concordia, seguridad, felicidad, prosperidad, alegría, sosiego... Es muchísimo más que la «tranquilidad» fundamentada en la fuerza, o la sola ausencia de guerra.

La profecía de Isaías habla de una paz que sólo puede estar cimentada en la justicia: «Reposará en la estepa la equidad, y la justicia morará en el vergel; el fruto de la justicia será paz» (Is 32,16-17).

Ésta es la idea de paz que deseamos las personas de buena voluntad, tanto de Oriente como de Occidente. Una paz que nace de la justicia, una paz que no se queda en lo exterior, una paz que nada tiene que ver con las componendas y menos con una imposición por la fuerza de las armas.

El mensaje de Jesús subraya esta realidad e invita a trabajar por la paz: «Felices los que trabajan por la paz» (Mt 5,9); porque el Dios de Jesús es el «Dios de la paz» (Rm 15,33). Y es que «los frutos del Espíritu son: amor, gozo, paz...» (Gal 5,22).

Los organismos internacionales, los gobiernos, los diversos grupos sociales, cada mujer y cada hombre nos hemos de preguntar ¿qué paz deseo y defiendo?